Ante la actual situación excepcional provocada por la epidemia de Coronavirus en la ciudad de Madrid, desde la AAVV Manzanares-Casa de Campo queremos expresar toda nuestra solidaridad y apoyo las familias del barrio que de una forma o de otra estáis teniendo que afrontar enormes cambios en la vida diaria.

Nos gustaría además contribuir a la reflexión colectiva analizando algunas cuestiones que, a pesar de los momentos de tensión que vivimos, creemos que es importante tener presentes.

Aunque quizás todo el mundo habla de él nunca está de más recordar por qué se llama COVID-19. El nombre está compuesto por «co» por «corona», «vi» por «virus», «d» por «disease» (enfermedad, en inglés) y 19 por el año en que surgió este nuevo brote, identificado el 31 de diciembre.

Identificado su nombre, pasamos a analizar las manifestaciones o síntomas más comunes que provoca, según la Organización Mundial de la Salud: “…fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes pueden presentar dolores, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta o diarrea. Estos síntomas suelen ser leves y aparecen de forma gradual. Algunas personas se infectan pero no desarrollan ningún síntoma y no se encuentran mal. La mayoría de las personas (alrededor del 80%) se recupera de la enfermedad sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial […] Una persona puede contraer la COVID-19 por contacto con otra que esté infectada por el virus. La enfermedad puede propagarse de persona a persona a través de las gotículas procedentes de la nariz o la boca que salen despedidas cuando una persona infectada tose o exhala.”1

Es importante distinguirlo de la gripe estacional, cuyo cuadro, también según la OMS, “se caracteriza por el inicio súbito de fiebre, tos (generalmente seca), dolores musculares, articulares, de cabeza y garganta, intenso malestar y abundante secreción nasal. La tos puede ser intensa y durar 2 semanas o más. La fiebre y los demás síntomas suelen desaparecer en la mayoría de los casos en el plazo de una semana, sin necesidad de atención médica. No obstante, en personas con alto riesgo (véase más abajo) la gripe puede ser una enfermedad grave, e incluso mortal. La enfermedad puede ser leve, grave o incluso mortal. La hospitalización y la muerte son más frecuentes en grupos de alto riesgo. Se calcula que las epidemias anuales causan 3 a 5 millones de casos graves y 290 000 a 650 000 muertes.”2

En el Estado español, cuya pirámide poblacional está casi invertida3, “Durante la temporada 2018/2019 en España se estimó que 490.000 casos leves de gripe acudieron a las consultas de atención primaria, hubo 35.300 hospitalizaciones con gripe confirmada por ensayos de laboratorio, 2.500 ingresos en la UCI y 6.300 muertes asociadas a la gripe”4. El COVID-19, hasta la fecha, registra los siguientes casos en todo el país5: 5753 casos confirmados, 293 personas ingresadas en UCI y 136 fallecidas.

Parece obvio que el riesgo de colapso del sistema sanitario es real y debemos tomar precauciones individuales: evitar el contacto con personas infectadas, evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca sin antes lavarse las manos, cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar, minizar los desplazamientos, etc.

Ahora bien, a la hora de analizar el impacto del virus COVID-19 es necesario recordar el debilitamiento programado del sistema público de salud en los últimos años, teniendo muy presente el impacto que tuvieron, y tienen, los recortes presupuestarios realizados hasta la fecha. Desde 2009 la Sanidad Pública ha sufrido a nivel estatal un recorte estimado de entre 15.000 y 21.000 millones de euros6. Esto se tradujo, sólo en la Comunidad de Madrid, en casi 6000 profesionales sanitarios menos7. Afrontar una crisis pandémica con un sistema sanitario ya diezmado no es el mejor de los escenarios. Es necesario preguntarse si el colapso del sistema sanitario se debe sólo al aumento de los casos o si está principalmente relacionado con la reducción de personal y camas en los centros sanitarios. No olvidemos que los seguros privados de salud no cubren el Coronavirus por ser una “potencial pandemia”8 que pondría en riesgos sus suculentos beneficios.

En el mismo sentido, es importante señalar que no basta con un sistema público sanitario sólido si no existe un marco que garantice condiciones de vida digna. Sería necesario un sistema sanitario orientado fundamentalmente a la medicina preventiva y no fundamentalmente a la curativa. Se necesitarían condiciones laborales no precarias que de verdad permitiesen las bajas por enfermedad o los permisos retribuidos por cuidado de familiares. Sería precisa una vivienda digna y una buena alimentación garantizada para toda la población. Todo esto debería ir acompañado de un sistema educativo que también contribuyera a la prevención, no sólo en sus contenidos pedagógicos sino garantizando de forma activa la Educación para la Salud, la higiene y hábitos saludables, en un contexto de ratios razonables en las aulas.

La ausencia de todos estos elementos supone que las medidas adoptadas por el Gobierno de la CAM, enfocadas a frenar los contagios, lejos de ser un alivio para las familias sean una verdadera pesadilla. Es una nueva crisis que se resuelve a costa de la población trabajadora. Y mientras, ¿quién cuidará de nuestras hijas e hijos?

La respuesta variará en función del nivel y condiciones de vida de cada persona. Para las familias pudientes la respuesta es relativamente sencilla: externalizarlo (“pago más horas a la canguro”). Por el contrario, para los sectores más precarios de la sociedad que no tienen un trabajo que les permita ausentarse o, en el mejor de los casos, teletrabajar (asumiendo las familias, cuando esto sea posible, los gastos de luz, agua, calefacción, conexión a Internet, etc.), o aquellas personas que no tiene familiares desempleados que no sean sector de riesgo, la situación es angustiosa. Dentro de este colectivo es preciso hacer especial mención a quien tradicionalmente lleva a cabo las tareas de cuidados y acumula los trabajos más precarios: las mujeres. La situación se agrava aún más si se trata de mujeres migrantes que no cuentan con una red familiar de apoyo. Ya había una crisis de cuidados, porque el sistema se sostiene en buena medida sobre el trabajo no remunerado realizado fundamentalmente por las mujeres, que en la situación actual se agrava exponencialmente.

En Madrid resulta paradójico que se haya paralizado la actividad escolar para evitar el desplazamiento y contacto de miles de estudiantes, pero no se paralice ni el transporte9 (altamente concurrido) en el que parece bastar con una desinfección diaria.

La actividad productiva privada se está paralizando en demasiados casos a costa de EREs o ERTEs que dejan a las plantillas en la calle10. Esta práctica agresiva está siendo además aplicada desde el ámbito público como demuestra el ERTE ejecutado en los servicios externalizados de la Educación Pública en Madrid ante el silencio, por ahora, del gobierno estatal. Esperemos que esta vez las grandes empresas, siempre críticas con lo público, no acaben siendo “rescatadas” por el Estado como ocurrió en la última crisis económica.

Ahora bien, no debemos olvidar que las medidas restrictivas impulsadas por la CAM, lejos de asumir el problema y detenerlo, lo que hacen es delegarlo. Se cerraron rápidamente el Congreso, el Senado, los centros educativos, se cancelaron los Plenos municipales y ahora se está imponiendo el teletrabajo en muchas empresas públicas y privadas, sin por el momento anunciar medidas efectivas para la concilliación y para aliviar la carga de trabajadoras y trabajadores.

El gobierno municipal pide ahora poder incumplir la regla de gasto para solventar esta crisis,- y no antes del COVID19 a pesar de que esta ciudad arrastra graves problemas sociales – cuando hasta ayer sus grandes planes de ciudad pasaban por macroproyectos especulativos como la Operación Chamartín o la noria más grande de Europa.

Y en este contexto, dada la crisis actual y el desbordamiento del sistema sanitario (resultado de los recortes de años anteriores a los que se suma esta pandemia), ¿no sería urgente e impostergable poner al servicio del Sistema Público de Salud la totalidad de la Sanidad Privada sin que esto suponga ningún gasto adicional para las arcas públicas? Hay mecanismos constitucionales y legislativos que lo permiten.

Nos están transfiriendo los costes del problema y debemos denunciar las negligencias de todos los niveles de gobierno en esta crisis y en materias tan sensibles como la reducción del presupuesto en sanidad, educación y transporte. Debemos denunciar los recortes que merman nuestra calidad de vida y los servicios en nuestro barrio y promover la autoorganización vecinal, barrio a barrio, como única garantía para hacer frente a la defensa de nuestros derechos fundamentales.

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