Con nuestras gafas moradas

La revolución neolítica, iniciada hace unos 8000 años, trajo consigo varios cambios como el inicio de la agricultura.

Con ella nace el sentimiento de apropiación y dominio de la naturaleza y los rudimentos de la propiedad privada.

Los varones han identificado desde tiempos inmemoriales a las mujeres como parte de la naturaleza, comparándola con los mismos ciclos. Si era posible poseer y manejar la naturaleza, el hombre sintió que era posible poseer también a las mujeres.

A  lo largo de la historia las mujeres se han quejado y han protestado por la desigualdad de forma individual, pero no es  hasta el siglo XVIII,  el siglo de la ilustración, cuando hay una toma colectiva de conciencia y surge un movimiento ideológico y social:  el movimiento feminista.

Su principal referente fue Olympe de Gouges, impulsora del feminismo en Europa.

Olympe de Gouges.

Esta francesa que acabó ejecutada en la guillotina publicó en 1791 la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en respuesta a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano publicada dos años antes. «La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que le pertenece al otro; así el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más límites que la tiranía perpetua que el hombre le impone. Esos límites deben de ser reformados por las leyes de la naturaleza y de la razón».

Allá por el año 1848 en Nueva York,  cuando las mujeres demandaron la igualdad de genero, la no discriminación y el voto para la mujer, el feminismo comenzaba a ser un movimiento colectivo. Casi dos siglos después, aquí seguimos, teniendo todavía que abrir camino a los postulados de la igualdad a pesar de los avances.